domingo, 15 de mayo de 2011

Cuándo la única verdad es la realidad

La educación es un derecho inalienable de los ciudadanos. La misma forma a las personas en cuanto ciudadanos y los completa como seres humanos, les brinda herramientas para debatir, construir y colaborar con la sociedad. Es tan importante que la Constitución de la Provincia de Buenos Aires dedica una sección entera a su tratamiento, garantizando a los ciudadanos el acceso a la educación en todos sus niveles, incluido el universitario.
Pero, tal como corren los tiempos actuales, la educación no solamente es un derecho, sino que se torna casi en una obligación. El acceso a las universidades se ha democratizado en las últimas décadas, y cada vez más jóvenes pueden acceder a las mismas cuando terminan la escuela secundaria.
Sin embargo, y por más importante que sea el hecho de educarse, no brinda todas las herramientas que una persona necesita. Como cita la gran frase que el general Perón tomo prestada de otro gran estadista como Aristóteles, “la única verdad es la realidad”. Como citábamos antes, las universidades brindan muchas herramientas a los seres humanos. Pero no todas.
La realidad es la mejor maestra. Es mejor que las mejores universidades. Cuando uno quiere bajar lo estudiado a la vida real, a la burocracia, a la complejidad empresarial, a la militancia, a la participación social; se da cuenta que lo que los libros enseñan no se aplica siempre igual en la vida cotidiana. La teoría se ve mutada por las idiosincrasias, las características culturales, los trasfondos históricos, las coyunturas económicas, las ideologías políticas, entre muchas otras cosas.
Es por eso que, para completar su formación, uno tiene que mantenerse siempre cerca de la realidad, al tiempo que estudia la teoría. Y para esto no hay mejor escuela que hacer cosas mientras se estudia. Y opciones hay varias, depende el gusto de cada uno: pasantías laborales, militancia política, participación social; o todas juntas, y muchas más. Participando, uno puede contrastar lo que aprende en ambos ámbitos, y enriquecerse mucho más, dando un mejor resultado final a los 5, 6 o cuantos años lleve el estudio universitario.
Haciéndolo no se pierde nada, y mucho se gana, a nivel personal; y a nivel comunitario, cualquiera sea la comunidad donde se esté participando. Al final, y realizando un balance de lo que se realiza, uno volverá a reafirmar que la única verdad es la realidad.

domingo, 17 de abril de 2011

La inversión en infraestructura política en Argentina

Todos los países son iguales en ciertos aspectos, pero no cabe duda que cada país es un universo distinto. Todos los países son iguales, pero diferentes. Cada nación tiene su propia idiosincrasia, costumbres, problemas, ventajas, virtudes, preocupaciones, etc. Para cada universo, existe una serie de prioridades políticas, que se dan en torno a la problemática particular del sujeto.
Así, cada nación o comunidad política distribuye sus recursos en diferentes sectores de la sociedad o programas de políticas públicas, atinentes a resolver sus problemas más urgentes. Así, por ejemplo, primero se deben cubrir las necesidades básicas de la población, tales como alimento, salud y vivienda. Luego de cubiertos esos aspectos, se debe pasar a los sectores primarios, también inherentes al desarrollo humano. Por ejemplo, la educación. Recién una vez cubiertos los aspectos que hacen al desarrollo humano y la dignidad de las personas, se pueden repartir los recursos estatales en otros aspectos, que en escala de prioridades pueden llegar a resultar secundarios. Por ejemplo, el desarrollo de las economías, de las industrias, de las actividades deportivas, del aparato estatal, etc.

En su obra “Financiación de las campañas políticas”, F. Cepeda Ulloa afirma que las inversiones en infraestructura política son tan importantes como aquellas en infraestructura social o económica. Aún en los países con elevados niveles de pobreza.
Creo que para comenzar el análisis de esta afirmación hay que diferencias el mundo en dos fragmentos: los países desarrollados y los que no lo están (empléese aquí cualquier denominación: países subdesarrollados, en vías de desarrollo, países pobres, países del tercer mundo, etc.). En este segundo grupo colocaremos a aquellas naciones en las que las necesidades básicas de la población no están satisfechas al cien por ciento, por lo menos en una parte considerable del total poblacional.
En los países desarrollados la afirmación de Cepeda Ulloa no es necesaria, no tiene sentido, porque no es imaginable una situación en la que la infraestructura social, humana y económica no se encuentre desarrollada. En esos países una muy pequeña proporción de la población sufre de hambre o vive en las calles. La desnutrición, las grandes masas de personas sin vivienda y sin sus necesidades cubiertas es algo que pasa al sur, allí en África o en Sudamérica. Entonces, la infraestructura política se puede desarrollar. Se puede fortalecer las democracias, o cualesquiera que fueran sus formas de gobierno.
En América Latina, esta afirmación no es simple de analizar, y mucho menos de responder definitivamente. Tiene muchas respuestas posibles, cada una tan válida como las otras, dependiendo el punto de vista que se tome, la posición filosófica y política desde la que se responda, y los objetivos que se busquen.
Por un lado, uno puede afirmar que es totalmente imposible tratar de desarrollar una infraestructura política si los indicadores básicos del desarrollo humano no están cubiertos. Esto se pone de manifiesto afirmando que a una persona que no tiene comida, o está durmiendo en la calle por no tener una vivienda adecuada, no le importará mucho si los partidos políticos están financiados por el Estado; o si las elecciones son limpias, si el gobernante es de un partido de izquierda o de derecha; ninguna de estas cuestiones se comparan con las ansias de satisfacer sus necesidades más elementales.
Sin embargo, también es válida otra afirmación, la que comparte Cepeda Ulloa, la que le da importancia a la inversión es infraestructura política, aún en los países pobres. Esta afirmación puede defenderse diciendo que, en los países pobres, con habitantes que pueden llegar a caer en el voto cautivo, en el voto a cambio de un bolsón de comida o de promesas de vivienda o bienes de apreciación pecuniaria; más que nunca es necesario preservar a sus habitantes de la política fraudulenta. Según este punto de vista, esto encontraría una primera solución en el hecho de financiar públicamente los partidos políticos, para que estos puedan participar de las elecciones en igualdad de condiciones. Así, las elecciones se realizarían en un marco más competitivo, que imposibilitaría a los partidos en el poder a ganar las elecciones “comprando” el voto de sus habitantes.

A simple vista y luego de analizadas dos posiciones distintas, parece demasiado complejo inclinar la balanza para uno de los dos lados. Por un lado, tenemos la dignidad humana en su principal expresión, la carencia de los habitantes de América Latina de muchas de sus necesidades básicas y la necesidad de remediar esto. Por otro lado, estamos frente al peligro de la falta de transparencia política, de la falta de competencia.
Sabidos son los casos en América Latina donde un grupo de “caudillos” o élites de gobierno se disputan el poder a puertas cerradas, o en elecciones que parecen batallas sin armas. En estas negociaciones y enfrentamientos, el pueblo de las naciones queda siempre de rehén, ya que es coaccionado a votar con las prebendas más elementales, como poca cantidad de dinero o alimentos o indumentaria. Se corre aquí un serio peligro de dejar que la política “sea capturada por unos cuantos” (op.cit) que hagan del pueblo lo que deseen, y puedan ahondar más la situación desesperante de una parte de la población.
Sin embargo, una cosa es cierta. Los problemas de alimentación, pobreza y falta de vivienda existen en verdad, son palpables. Nos cruzamos con ellos todos los días, no es un invento de los medios de comunicación. En mi país, hay gente que literalmente se muere de hambre, hay gente que duerme en la calle por no tener una vivienda digna. Por otro lado, la posible apropiación de la política por unos cuantos es eso: posible. Es clara la respuesta entonces.
El gobierno de una nación debe invertir primero en infraestructura humana, social y económica; que de respuesta a las necesidades del cien por ciento de la población nacional. Una vez cubiertas estas necesidades, se puede invertir el presupuesto sobrante en diferentes aspectos, incluida la inversión en infraestructura política. Las prioridades están bien marcadas. Sin habitantes sanos y alimentados no hay nación. Los problemas políticos se pueden solucionar después, una vez que se logre que la población no muera de hambre.

martes, 6 de julio de 2010

¿Sociedad retrógrada y decimonónica?

Estamos en el umbral de una ampliación de los derechos civiles hacia miles de ciudadanos argentinos que carecen de ellos. Si. Hay mujeres y hombres a los que el Estado considera aún ciudadanos de segunda, tal como se consideraba a los esclavos o a las personas de color en otros tiempos y lugares.
Si el próximo 14 de julio se aprueba en el Senado la ley de matrimonio entre personas del mismo sexo se garantizaría el acceso al estado de derecho a muchas personas que hoy se encuentran fuera de él.

Nuestra sociedad es muy particular. Han habido, en los últimos meses, infinidad de marchas y contramarchas, recolección de firmas, debates, discusiones, sectores poderosos, derechos cercenados, abuso de influencias, que cayeron sobre este tema. Lo curioso es quiénes son aquellos que se dicen en contra de la sanción de la citada ley:
  • Hay senadores que opinan que la ley es una iniciativa del puerto para poder traer cruceros gay a la ciudad de Buenos Aires. Me parece una opinión muy simplista y bastante reducida como para provenir de un Senador Nacional.
  • El PRO en su totalidad voto en contra del casamiento gay en Diputados, aún cuando su líder, Mauricio Macri, nunca tuvo una posición definida sobre el tema. Igualmente, no es de extrañar que dicho partido político se oponga a una ley que esté a favor del progreso y el desarrollo de la sociedad.
  • Cecilia Pando, defensora a ultranza del terrorismo de Estado y de la apropiación de bebés durante la última dictadura militar, es otra de las personas que se oponen públicamente a la ley. Dice que el casamiento gay "expresa el progresismo cultural de izquierda que viola sistemáticamente los derechos humanos de algunos en la supuesta defensa de los derechos humanos de otros". Sinceramente, me corre un escalofrío por la espalda al escuchar hablar a Pando de violación de los derechos humanos.
Viendo cuáles son los representantes de los sectores que se encuentran en contra de esta medida, me siento más que orgulloso de estar en las antípodas de ese pensamiento. Está claro que esto es una reacción cruda de la derecha, que siempre ha sido retrógrada y anacrónica, y que se ha debido integrar a los cambios, de manera tardía, porque ya no podía luchar más contra la corriente social.


Hay una confusión enorme, que no ayuda a que se esclarezca la cuestión. Es aquella posición socialmente difundida que reza que el matrimonio es una institución católica. No es así. Si bien es uno de los sacramentos de la Iglesia Católica, el matrimonio existe desde muchos años antes de Cristo. Era una institución del Derecho Romano, que etimológicamente refería al derecho de la mujer a ser madre dentro de la ley. Así, el matrimonio no tiene que ver con instancias religiosas, sino principalmente con una institución del derecho civil. Es una ley positiva, y como tal, puede ser modificada conforme los planteos científicos y las necesidades sociales se transforman.

Otro de los errores ignorante y comúnmente extendidos es aquel que coloca a la homosexualidad como una enfermedad. Nada más erróneo. Está comprobado científicamente que no lo es. Los psicólogos dicen que la homosexualidad es una desviación de la normalidad, pero de la normalidad entendida estadísticamente, que muta según el paso del tiempo. No es un error de la naturaleza humana, sino una expresión más de su riqueza.
Tradicionalmente ha habido una hegemonía que tiene que ver con la sociedad patriarcal, que es hétero. Sin embargo, hoy hay, además, varias formas de familia, las monoparentales o las ensambladas, con los mismos derechos y funciones que la tradicional.

Claramente es un tema que causa un gran alerta social. No es para menos. Es la bendición legal a algo nuevo, algo a lo que muchos temen, pero algo con lo que convivimos desde hace años, y que pugna desde tiempo ha por su reconocimiento, ya en presente merecido. Hay un solo derecho que debería ser suficiente para poner a todos de un sólo lado y decir SI al matrimonio homosexual: el derecho a la igualdad. No pueden existir diferencias para los ciudadanos, en cuanto a su posibilidad de elegir con quien casarse.
Hay cientos de historias de familias homosexuales, que conviven con los hijos de alguno de los dos miembros de la pareja, y son casos ejemplares, que demuestran que no necesariamente debe haber un padre y una madre para criar y educar un ser humano hecho y derecho.
El otro día escuchaba a Pepito Cibrián por la radio, contando la historia de Bergara Leumann. Cuenta que había vivido muchísimos años con su pareja, quien lo había cuidado y atendido, dispensándole toda atención necesaria, durante los largos años que duró su enfermedad. Cuando entró en estado terminal y lo internaron en la clínica, apareció un familiar que raramente veían, e interpuso una acción ante la justicia para impedir que la pareja de Bergara Leumann estuviera presente en el lecho del enfermo. Así, quien lo había cuidado y atendido en todo durante años, no pudo pasar los últimos días con él, solo por un capricho legal. Ni hablar que tampoco vio un peso de lo que le correspondía como herencia natural, que fue a parar a manos de gente que realmente no lo merecía.

Entonces, el próximo 14 de julio estará en manos de 72 de nuestros representantes decidir cómo sigue la historia. Esperemos que voten a conciencia, observando lo que sucede en el día a día de la sociedad y lo que ésta necesita para su desarrollo. Hay miles de ciudadanos que claman por la igualdad.

martes, 4 de mayo de 2010

Algunas buenas frases


Decir la verdad lo puede hacer cualquier idiota. Para mentir hace falta imaginación.
(Jaume Perich)

Dejar de fumar es fácil, yo lo he dejado como cien veces.
(Marc Twain)

No le tengo miedo a la muerte, es sólo que no quiero estar ahí cuando me suceda.
(Woody Allen)

A los médicos es a quienes mejor les va: sus éxitos andan por ahí, y a sus fracasos los entierran.
(Jacques Tati )

La mejor manera de librarse de la tentación es caer en ella.
(Oscar Wilde)

La vejez no es mala si considera uno la alternativa.
(Maurice Chevalier)

El cine ayuda a soñar. La televisión a dormir.
(Jaume Perich)

No sólo es más fácil que entre un pobre en el cielo, sino que también tiene muchas más posibilidades de hacerlo antes.
(Jaume Perich)

En esta vida no te perdonan si dejas de ganar, y te odian si ganas siempre.
(Jorge Valdano)

Qué desagradable resulta caerle bien a la gente que te cae mal.
(Jaume Perich)

Que hablen de uno es espantoso. Pero hay algo peor: que no hablen.
(Oscar Wilde)

El dinero no da la felicidad, pero procura una sensación tan parecida, que necesita un especialista muy avanzado para verificar la diferencia.
(Woody Allen)

¿Es sucio el sexo? Únicamente si se hace bien.
(Woody Allen)

Seguramente, existen muchas razones para los divorcios; pero la principal, es y será la boda.
(Jerry Lewis)

Mi cerebro es mi segundo órgano favorito.
(Woody Allen)

Todos los hombres son mortales. Sócrates era mortal. Por lo tanto, todos los hombres son Sócrates. Lo que significa que todos los hombres son homosexuales.
(Woody Allen)

El sexo sin amor es una experiencia vacía. Pero como experiencia vacía es una de las mejores.
(Woody Allen)

La última vez que estuve dentro de una mujer fue cuando visité la estatua de la Libertad.
(Woody Allen)

Inteligencia militar son dos términos contradictorios
(Anónimo)

El dinero es mejor que la pobreza, aunque sólo sea por razones económicas.
(Woody Allen)

Mis padres no solían pegarme; lo hicieron sólo una vez: empezaron en Febrero de 1940 y terminaron en Mayo del 43.
(Woody Allen)

El sexo entre dos personas es una cosa hermosa; entre cinco es fantástico...
(Woody Allen)

A mi dadme lo superfluo que lo necesario todo el mundo puede tenerlo.
(Oscar Wilde)

Disculpen si les llamo caballeros, pero es que no les conozco muy bien.
(Groucho Marx)

Para hacer la guerra hacen falta tres cosas: dinero, dinero y dinero.
(Napoleón Bonaparte)

El amor es el único deporte que no se interrumpe por falta de luz.
(Noel Clarasó)

Toma consejo con el vino, pero decide después con el agua.
(Benjamin Franklin)

Un flirteo es como una pastilla: nadie puede predecir sus efectos secundarios.
(Catherine Deneuve)

Las personas a las que nada se les puede reprochar tienen, de todas formas, un defecto capital: no son interesantes.
(Zsa Zsa Gabor)

Lo peor que puede hacerse es cruzar un precipicio de dos saltos.
(Lloyd George)

Hay muchas personas que no saben perder a solas el tiempo y son el azote de las que tienen ocupaciones.
(Edgar Allan Poe)

Discúlpeme, no le había reconocido ¡he cambiado tanto!
(Oscar Wilde)

No llego a entender cómo, siendo los niños tan listos, los adultos son tan tontos. Debe ser fruto de la educación.
(Alejandro Jr Dumas)

La última voz audible antes de la explosión del mundo será la de un experto que diga: es técnicamente imposible.
(Peter Ustinov)

¿No es usted la señorita Smith, hija del banquero multimillonario Smith? ¿No? Perdone, por un momento pensé que me había enamorado de usted.
(Groucho Marx)

La principal causa del divorcio es el matrimonio.
(Anónimo)

Nunca olvido una cara, pero contigo haré una excepción.
(Groucho Marx)

La TV es más interesante que las personas. De no ser así, deberíamos tener gente en las esquinas de nuestras habitaciones.
(Alan Coren)

La televisión es el primer sistema verdaderamente democrático, el primero accesible para todo el mundo y completamente gobernado por lo que quiere la gente. Lo terrible es precisamente lo que quiere la gente.
(Clive Barker)

¿Alguna vez fueron al baño en una fiesta, tiraron la cadena y el agua del inodoro comenzó a subir? Es el momento más aterrador en la vida de cualquier ser humano.
(Jerry Seinfeld)

Sólo un loco celebra que cumple años.
(George Bernard Shaw)

Suele hacer falta tres semanas para preparar un discurso improvisado.
(Marc Twain)

Un egoísta es una persona que piensa más en sí misma que en mí.
(Ambroise Bierce)

Dios me perdonará: es su oficio.
(Heinrich Heine)

Algo debo haber hecho mal, o no sería tan popular.
(Robert Louis Stevenson)

Las opiniones son como los culos. Cada uno tiene el suyo.
(Clint Eastwood)

martes, 6 de abril de 2010

Que difícil es ser ansioso

En el verano estaba en un teatro de la calle Corrientes viendo un espectáculo stand up, en donde uno de los monologuistas representaba a un hombre ansioso. De inmediato me sentí identificado y me puse a pensar: que difícil es ser ansioso, este mundo no está hecho para las personas terriblemente ansiosas como yo. Y me puse a pensar en 3 de las situaciones que mas me exasperan, que hacen que realmente piense que la vida es insoportable para todos los ansiosos:
  • Los semáforos. Hay que respetarlos, no cabe duda de eso. Pero no hay situación que me provoque más irritación que un semáforo en rojo. Son segundos preciosos, que se pierde esperando a que, a veces, no pase nadie por la calle perpendicular. Soy de esas personas que se asoman a la senda peatonal, con la primera marcha puesta, y que apenas el semáforo pasa al amarillo arranca.
  • El tránsito de la ciudad de Buenos Aires. Soy consciente de que es muy probable que muera en un choque de auto o baleado por algún otro conductor enojado. Pero siento la necesidad irrefrenable de pegar la trompa al auto de adelante, hacerle luces para que se corra aún sabiendo que 10 metros más adelante hay otro auto, zigzaguear buscando espacios en donde meterme. No puedo entender a las personas que piensan que llegar más despacio es llegar sano. No, necesito ir lo más rápido que la ley permita.
  • Las computadoras lentas. Me gusta mucho la tecnología y mantengo todas las computadoras que uso lo más actualizadas posible, hago que funcionen rápido y nunca tengo problemas. Pero hay computadoras que comparto con otros miembros de mi familia, o algunas computadoras de otras personas. Ay por Dios, la furia que me provoca darle al click en un programa y tener que esperar 30 segundos para que abra. ¿Como hacen para hacer que un Core 2 Duo parezca una 486 corriendo bajo DOS? Me da ganas de agarrar el monitor y reventarlo en 20 mil pedazos.

Hay muchas más, hasta quizás más irritantes que esta, pero corro el riesgo de parecer un loco desquiciado que quiere matar gente, y prometo que no es así.
Invito a todos los ansiosos que lean esto a que me digan otras situaciones que los saquen de las casillas, seguramente las compartiremos.

JC

domingo, 4 de abril de 2010

No se culpe a nadie

Del porque del nombre del blog, que viene a colación de este cuento corto de Julio Cortázar. Al final, incluyo un video que encontré por Youtube; un corto hecho sobre el cuento.

El frío complica siempre las cosas, en verano se está tan cerca del mundo, tan piel contra piel, pero ahora a las seis y media su mujer lo espera en una tienda para elegir un regalo de casamiento, ya es tarde y se da cuenta de que hace fresco, hay que ponerse el pulóver azul, cualquier cosa que vaya bien con el traje gris, el otoño es un ponerse y sacarse pulóveres, irse encerrando, alejando. Sin ganas silba un tango mientras se aparta de la ventana abierta, busca el pulóver en el armario y empieza a ponérselo delante del espejo. No es fácil, a lo mejor por culpa de la camisa que se adhiere a la lana del pulóver, pero le cuesta hacer pasar el brazo, poco a poco va avanzando la mano hasta que al fin asoma un dedo fuera del puño de lana azul, pero a la luz del atardecer el dedo tiene un aire como de arrugado y metido para adentro, con una uña negra terminada en punta. De un tirón se arranca la manga del pulóver y se mira la mano como si no fuese suya, pero ahora que está fuera del pulóver se ve que es su mano de siempre y él la deja caer al extremo del brazo flojo y se le ocurre que lo mejor será meter el otro brazo en la otra manga a ver si así resulta más sencillo. Parecería que no lo es porque apenas la lana del pulóver se ha pegado otra vez a la tela de la camisa, la falta de costumbre de empezar por la otra manga dificulta todavía más la operación, y aunque se ha puesto a silbar de nuevo para distraerse siente que la mano avanza apenas y que sin alguna maniobra complementaria no conseguirá hacerla llegar nunca a la salida. Mejor todo al mismo tiempo, agachar la cabeza para calzarla a la altura del cuello del pulóver a la vez que mete el brazo libre en la otra manga enderezándola y tirando simultáneamente con los dos brazos y el cuello. En la repentina penumbra azul que lo envuelve parece absurdo seguir silbando, empieza a sentir como un calor en la cara aunque parte de la cabeza ya debería estar afuera, pero la frente y toda la cara siguen cubiertas y las manos andan apenas por la mitad de las mangas. por más que tira nada sale afuera y ahora se le ocurre pensar que a lo mejor se ha equivocado en esa especie de cólera irónica con que reanudó la tarea, y que ha hecho la tonteria de meter la cabeza en una de las mangas y una mano en el cuello del pulóver. Si fuese así su mano tendria que salir fácilmente pero aunque tira con todas sus fuerzas no logra hacer avanzar ninguna de las dos manos aunque en cambio parecería que la cabeza está a punto de abrirse paso porque la lana azul le aprieta ahora con una fuerza casi irritante la nariz y la boca, lo sofoca más de lo que hubiera podido imaginarse, obligándolo a respirar profundamente mientras la lana se va humedeciendo contra la boca, probablemente desteñirá y le manchará la cara de azul. Por suerte en ese mismo momento su mano derecha asoma al aire al frío de afuera, por lo menos ya hay una afuera aunque la otra siga apresada en la manga, quizá era cierto que su mano derecha estaba metida en el cuello del pulóver por eso lo que él creía el cuello le está apretando de esa manera la cara sofocándolo cada vez más, y en cambio la mano ha podido salir fácilmente. De todos modos y para estar seguro lo único que puede hacer es seguir abriéndose paso respirando a fondo y dejando escapar el aire poco a poco, aunque sea absurdo porque nada le impide respirar perfectamente salvo que el aire que traga está mezclado con pelusas de lana del cuello o de la manga del pulóver, y además hay el gusto del pulóver, ese gusto azul de la lana que le debe estar manchando la cara ahora que la humedad del aliento se mezcla cada vez más con la lana, y aunque no puede verlo porque si abre los ojos las pestañas tropiezan dolorosamente con la lana, está seguro de que el azul le va envolviendo la boca mojada, los agujeros de la nariz, le gana las mejillas, y todo eso lo va llenando de ansiedad y quisiera terminar de ponerse de una vez el pulóver sin contar que debe ser tarde y su mujer estará impacientándose en la puerta de la tienda. Se dice que lo más sensato es concentrar la atención en su mano derecha, porque esa mano por fuera del pulóver está en contacto con el aire frío de la habitación es como un anuncio de que ya falta poco y además puede ayudarlo, ir subiendo por la espalda hasta aferrar el borde inferior del pulóver con ese movimiento clásico que ayuda a ponerse cualquier pulóver tirando enérgicamente hacia abajo. Lo malo es que aunque la mano palpa la espalda buscando el borde de lana, parecería que el pulóver ha quedado completamente arrollado cerca del cuello y lo único que encuentra la mano es la camisa cada vez más arrugada y hasta salida en parte del pantalón, y de poco sirve traer la mano y querer tirar de la delantera del pulóver porque sobre el pecho no se siente más que la camisa, el pulóver debe haber pasado apenas por los hombros y estará ahi arrollado y tenso como si él tuviera los hombros demasiado anchos para ese pulóver lo que en definitiva prueba que realmente se ha equivocado y ha metido una mano en el cuello y la otra en una manga, con lo cual la distancia que va del cuello a una de las mangas es exactamente la mitad de la que va de una manga a otra, y eso explica que él tenga la cabeza un poco ladeada a la izquierda, del lado donde la mano sigue prisionera en la manga, si es la manga, y que en cambio su mano derecha que ya está afuera se mueva con toda libertad en el aire aunque no consiga hacer bajar el pulóver que sigue como arrollado en lo alto de su cuerpo. Irónicamente se le ocurre que si hubiera una silla cerca podría descansar y respirar mejor hasta ponerse del todo el pulóver, pero ha perdido la orientación después de haber girado tantas veces con esa especie de gimnasia eufórica que inicia siempre la colocación de una prenda de ropa y que tiene algo de paso de baile disimulado, que nadie puede reprochar porque responde a una finalidad utilitaria y no a culpables tendencias coreográficas. En el fondo la verdadera solución sería sacarse el pulóver puesto que no ha podido ponérselo, y comprobar la entrada correcta de cada mano en las mangas y de la cabeza en el cuello, pero la mano derecha desordenadamente sigue yendo y viniendo como si ya fuera ridiculo renunciar a esa altura de las cosas, y en algún momento hasta obedece y sube a la altura de la cabeza y tira hacia arriba sin que él comprenda a tiempo que el pulóver se le ha pegado en la cara con esa gomosidad húmeda del aliento mezclado con el azul de la lana, y cuando la mano tira hacia arriba es un dolor como si le desgarraran las orejas y quisieran arrancarle las pestañas. Entonces más despacio, entonces hay que utilizar la mano metida en la manga izquierda, si es la manga y no el cuello, y para eso con la mano derecha ayudar a la mano izquierda para que pueda avanzar por la manga o retroceder y zafarse, aunque es casi imposible coordinar los movimientos de las dos manos, como si la mano izqulerda fuese una rata metida en una jaula y desde afuera otra rata quisiera ayudarla a escaparse, a menos que en vez de ayudarla la esté mordiendo porque de golpe le duele la mano prisionera y a la vez la otra mano se hinca con todas sus fuerzas en eso que debe ser su mano y que le duele, le duele a tal punto que renuncia a quitarse el pulóver, prefiere intentar un último esfuerzo para sacar la cabeza fuera del cuello y la rata izquierda fuera de la jaula y lo intenta luchando con todo el cuerpo, echándose hacia adelante y hacia atrás, girando en medio de la habitación, si es que está en el medio porque ahora alcanza a pensar que la ventana ha quedado abierta y que es peligroso seguir girando a ciegas, prefiere detenerse aunque su mano derecha siga yendo y viniendo sin ocuparse del pulóver, sunque su mano izquierda le duela cads vez más como si tuviera los dedos mordidos o quemados, y sin embargo esa mano le obedece, contrayendo poco a poco los dedos lacerados alcanza a aferrar a través de la manga el borde del pulóver arrollado en el hombro, tira hacia abajo casi sin fuerza, le duele demasiado y haría falta que la mano derecha ayudara en vez de trepar o bajar inútilmente por las piernas en vez de pellizcarle el muslo como lo está haciendo, arañándolo y pellizcándolo a través de la ropa sin que pueda impedírselo porque toda su voluntad acaba en la mano izquierda, quizá ha caído de rodillas y se siente como colgado de la mano izquierda que tira una vez más del pulóver y de golpe es el frío en las cejas y en la frente, en los ojos, absurdamente no quiere abrir los ojos pero sabe que ha salido fuera, esa materia fria, esa delicia es el aire libre, y no quiere abrir los ojos y espera un segundo, dos segundos, se deja vivir en un tiempo frío y diferente, el tiempo de fuera del pulóver, está de rodillas y es hermoso estar así hasta que poco a poco agradecidamente entreabre los ojos libres de la baba azul de la lana de adentro, entreabre los ojos y ve las cinco uñas negras suspendidas apuntando a sus ojos, vibrando en el aire antes de saltar contra sus ojos, y tiene el tiempo de bajar los párpados y echarse atrás cubriéndose con la mano izquierda que es su mano, que es todo lo que le queda para que lo defienda desde dentro de la manga, para que tire hacia arriba el cuello del pulóver y la baba azul le envuelva otra vez la cara mientras se endereza para huir a otra parte, para llegar por fin a alguna parte sin mano y sin pulóver, donde solamente haya un aire fragoroso que lo envuelva y lo acompañe y lo acaricie y doce pisos.


Y acá el video:


JC

viernes, 19 de marzo de 2010

¿Civilización y barbarie?


En 1845, el ex Presidente Domingo Faustino Sarmiento escribía un libro con un nombre tan pomposo como "Civilización y Barbarie. Vida de Juan Facundo Quiroga y aspecto físico, costumbres y hábitos de la República Argentina". Más allá de la opinión, válida o no, que cada uno pueda tener sobre Sarmiento, a nivel literario o político, lo cierto es que el libro era un esquema para entender el sistema político, económico y social argentino bajo el gobierno de Juan Manuel de Rosas. La antinomia de civilización y barbarie expresaba, por un lado, las aspiraciones de la clase burguesa argentina, y más ampliamente latinoamericana, en ascenso durante el siglo XIX; por el otro, la prevalencia de las ideas ilustradas y positivistas que buscaban la consolidación de un status favorable a los intereses de la burguesía. Se trata de un doble sistema tendiente a la profundización y multiplicación de antagonismos: ciudad / campo, unitarismo / federalismo, frac / poncho, europeos y estadounidenses / indios, teatros / pulperías. Así, el frac es la civilización mientras el poncho es la barbarie, y así sucesivamente.
Hoy en día, la concepción de la sociedad ha ido mutando, a la vez que el desarrollo de la sociedad misma. Basta alejarse 100 kilómetros de las grandes ciudades, para entrar en pueblos o pequeñas ciudades en las que las casas todavía tienen bancos en las puertas, donde los vecinos se juntan a matear cuando baja el sol... ciudades donde la siesta es impostergable, el respeto a los mayores sigue siendo un valor primordial, donde el trato con el vecino es cuasi familiar... Eso que Sarmiento llamaba barbarie, hoy parece mucho más civilizado que la vida de las grandes urbes, donde uno cruza de vereda para no saludar al conocido que viene en la dirección contraria, donde no se puede caminar tranquilo de noche (ni de día), por temor a los asaltos que, con suerte, no terminarán en asesinatos...
Entonces, ¿ha mutado el concepto? ¿Lo que antes era civilización es ahora barbarie y viceversa? Creo que no es así, no puede hacerse tampoco un juicio tan absoluto. Pero lo que sí es cierto es que la vida en el interior, o hasta en los barrios, está todavía muy nutrida de aquellos valores y simples actos que en la ciudad se van perdiendo cada vez más...
Mi abuelo contaba que a los 14 años, en Italia, trabajaba en Roma, a 200 kilómetros del pueblo que lo vio nacer. Mi papá contaba que cuando tenía 14 años se fue solo dos semanas a Mar del Plata. Cuando yo tenía 14 años salía a andar en bicicleta solo por mi barrio con mis amigos, andaba solo en colectivo. Mis primitos son un poco más chiquitos, tienen 11 años aproximadamente, pero recién ahora están aprendiendo a cruzar la calle solos. Tengo miedo que para mis hijos o nietos, cuando tengan 14 años, hasta la cocina o el living de su casa sea peligroso, y deban quedarse atrincherados en sus habitaciones.
Hay una pintada con aerosol, en la vereda de mi oficina, que dice "ningún pibe nace chorro". Coincido plenamente. Creo que la clave está en la educación, tanto por parte de la familia como del sistema educativo. Es imperioso educar a los menores en esos valores que hoy se perdieron, los valores que hoy son civilizados, y que solo existen en ese mundo que Sarmiento conocía como barbarie.